Wai estará en RedGob 2026: cómo trabajan juntos agentes humanos y de IA en un organismo público
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El 7 y 8 de octubre, en el Centro de Convenciones de La Punta (San Luis), Wai participa de Redes de Gobierno y Ciudades Inteligentes. Nicolás Pstyga, CEO y cofundador, expondrá sobre el reparto de tareas entre funcionarios y agentes de IA dentro de la administración pública.
Redes de Gobierno y Ciudades Inteligentes es el encuentro que Grupo Convergencia organiza desde hace dos décadas y que cada año reúne a intendentes, secretarios y equipos técnicos de gobiernos de toda América Latina. Este año la provincia de San Luis oficia de anfitriona y el eje de la edición es el modelo de gestión que la organización bautizó GobIA: un Estado donde la decisión pública convive con agentes digitales y procesos automatizados.
Wai vuelve a estar presente. En 2025 participamos con una charla titulada "Es momento de hackear al Estado", que planteaba una idea incómoda: el principal obstáculo para digitalizar un organismo no es tecnológico ni presupuestario, es cultural. El mensaje central de entonces sigue vigente y lo repetimos cada vez que podemos, incluso cuando no nos conviene comercialmente: elijan un sistema, aunque no sea Govlink™. Lo que no es negociable son las preguntas previas, como si cumple con la Ley 25.326, si es interoperable o va a nacer como otra isla de datos, qué dice el contrato sobre la portabilidad de la información el día que el organismo quiera irse, y cómo está resuelta la ciberseguridad.
La charla de este año
El título es una pregunta: ¿Cómo trabajan juntos agentes humanos y de IA en un organismo público?
No es una pregunta retórica. Es el problema de diseño más concreto que enfrenta hoy cualquier gobierno que incorpora inteligencia artificial a su gestión. La conversación pública suele quedar atrapada entre dos extremos igual de inútiles: el entusiasmo de que la IA va a resolver la administración sola, y el temor de que reemplace a los trabajadores estatales. En la práctica, lo que está pasando es otra cosa, y es bastante menos épica y bastante más transformadora: la carga administrativa se está redistribuyendo.
La exposición va a recorrer cómo se reparte el trabajo en un expediente real, dónde conviene poner un agente y dónde no, qué pasa con la trazabilidad cuando parte del trámite lo ejecuta un sistema, y qué tiene que poder demostrar un organismo ante una auditoría cuando eso ocurre.
Un chatbot debería ser solo la puerta de entrada
En los últimos dos años, decenas de distritos de la región dieron su primer paso con inteligencia artificial y casi siempre lo dieron por el mismo lado: un chatbot de atención al vecino. Es una decisión razonable: es visible, se implementa rápido, descomprime el teléfono y la mesa de entradas, y muestra resultados en poco tiempo.
El problema aparece cuando esa primera implementación se convierte en la única, y la IA queda archivada mentalmente como "el bot que contesta consultas". Ahí se subdimensiona el potencial de la tecnología, porque el chatbot mejora la forma en que el vecino pregunta, pero no cambia en nada lo que pasa después de que pregunta. El trámite sigue tardando lo mismo, el expediente sigue pasando por las mismas manos, los plazos se siguen venciendo por los mismos motivos y el costo operativo del organismo queda intacto.
La atención al ciudadano es la capa más expuesta del Estado, pero no es donde está el trabajo. El trabajo está en el backoffice: caratular, clasificar, controlar requisitos, pedir la documentación faltante, notificar, derivar al área correcta, vigilar vencimientos, armar el expediente para que alguien pueda resolverlo. Ahí es donde se pierden semanas y ahí es donde un agente de IA produce un cambio de escala que no se queda solo en lo cosmético.
Los agentes gestionan, los funcionarios firman
Govlink™, la suite de gobierno digital de Wai, ya opera con agentes de IA que gestionan trámites de forma autónoma. Clasifican, caratulan, completan, derivan, notifican, controlan plazos y preparan el expediente para que llegue a la mesa del funcionario listo para resolver.
Lo que los agentes no hacen es firmar.
La firma y la decisión quedan siempre en manos de una persona con competencia para adoptarlas. No es una limitación técnica que vayamos a levantar en la próxima versión: es una decisión de arquitectura. El acto administrativo tiene un responsable identificable, y esa responsabilidad no se delega en un modelo. Un agente puede preparar el 90% del camino de un trámite, pero la voluntad del Estado la expresa un funcionario, con su firma, y con el respaldo probatorio que exige el procedimiento administrativo.
Esa frontera es lo que vuelve adoptable a la IA en el sector público. Sin ella, cada avance de automatización abre una discusión sobre validez, responsabilidad y nulidad que termina frenando el proyecto entero.
Dónde encontrarnos
El equipo de Wai va a estar los dos días en La Punta, disponible para reuniones con gobiernos que estén evaluando digitalizar sus procesos o incorporar agentes de IA a su gestión. También habrá actividades previas el 6 de octubre, con laboratorios técnicos y de gestión en Potrero de los Funes.
Si tu organismo va a participar y querés coordinar un encuentro, escribinos a [email protected].
Una observación final, para cerrar donde empezamos. La pregunta que se va a hacer el Estado en los próximos años no es si va a usar inteligencia artificial, porque eso ya está ocurriendo, con o sin política pública que lo ordene. La pregunta es quién firma. Los gobiernos que resuelvan bien esa frontera van a poder automatizar en serio. Los que la dejen difusa van a terminar automatizando poco, tarde y con miedo.